Esteban Lisa: una reflexión.
Mario H. Gradowczyk
Mario H. Gradowczyk is an independent art historian and curator who
has written numerous works on Rio de la Plata Modernism including studies
of the artists Torres-Garcia, and Alejandro Xul Solar.
Los elogiosos comentarios de la prensa española sobre la primera
exposición individual del artista argentino Esteban Lisa (Toledo,
1895 - Buenos Aires, 1983)1 sugieren las siguientes reflexiones. ¿Existiría
lugar en la historia del arte para un corpus de obra que se exhibe casi
medio siglo después de haber sido creado? ¿Resultaría
lícito mostrar hoy la producción de un artista que sólo
influenció a un reducido grupo hace más de cuarenta años,
que también circulaba por una cornisa, apartado del circuito de
galerías y ausente de los salones?
La historia del arte no ha resultado ajena a situaciones similares. La
aplicación estricta del paradigma del reloj, que sostiene una jerarquía
cronológica para analizar la obra de arte y su significancia histórica,
no siempre ha resultado infalible. Y si no, ¿cómo se podría
explicar, por un lado, el cambio en la posición de la crítica
hacia Vermeer (1632-1675), que recién sería "redescubierto"
a fines del siglo XIX, y el relegamiento de artistas muy populares hasta
hace poco, por el otro?
Lisa se había automarginado del mundo del arte argentino y no
participó de exhibiciones colectivas o individuales. Fundada ya
su Escuela de Arte Moderno2, en pleno auge del movimiento abstracto argentino
e internacional, el artista incluyó dos reproducciones de sus Juegos
con líneas y colores y uno de sus dibujos en su pequeño
libro Kant, Einstein y Picasso.3 Ésta fue la única excepción
a una regla que Lisa aplicó con rigurosidad admirable. A partir
de ese momento insistiría en proyectarse al mundo sólo como
filósofo y pensador.
César Paternosto, un destacado artista argentino, discutía
la justificación de la puesta en valor de la obra de Esteban Lisa,
lamentando su aislamiento, dándole luego la bienvenida al acervo
estético de su país.4 Una actitud reflexiva como la suya,
según Paternosto, le hubiera resultado muy útil a los jóvenes
artistas argentinos de las generaciones del ’40 y del ’50,
que carecieron de figuras conductoras y de referencias directas a los
creadores de la abstracción. Las tuvieron que buscar afuera. Muchos
de ellos encontraron respuestas en la pureza de Mondrian y la rigurosidad
geométrica de Vantongerloo, otros se inspiraron en la capacidad
simbólica del primer Kandinsky, el "brutalismo" de Dubuffet
y la fuerza expresiva del grupo COBRA.
Por cierto, en el Río de la Plata se contaba con la energía
desbordante de Torres-García (1874-1949). Esta actitud confundiría
a aquellos que lo tomaron literalmente. También para esa época
Juan del Prete se había reincorporado a la corriente abstracta,
pero carecía de una base filosófica que alimentara su indiscutible
talento y que sublimara su manierismo exhuberante. A Xul Solar (1887-1963)
se lo percibía como un personaje curioso, arrinconado por su persistencia
en incursionar, en esa época, en una temática hermética
ligada a la astrología. Tomás Maldonado y sus compañeros
de Arte Concreto-Invención, que enarbolaron las consignas de la
vanguardia rioplatense en la revista Arturo, tampoco encontraron respuestas
en el cubismo de otoño de Pettoruti.5 Una parte se adhirió
al discurso del neoplasticismo y sus continuadores, al que le agregaron
una fraseología tomada de la dialéctica marxista. Esto lo
compartieron con los artistas Madí - que también participaron
en Arte-Concreto-Invención - más ligados al productivismo
de los constructivistas rusos.
¿Sería Lisa un hermitaño, otro "raro",
como esos personajes deambulantes o escondidos en la Buenos Aires secreta,
con sus mitos atrapados por los zaguanes? Pero no fue el caso. Este personaje
no se escondía; circulaba asiduamente por las librerías,
recorría las exposiciones, se interesaba en propagar sus ideas.
Realizaba su labor docente en una modesta escuela nocturna para adultos,
desinteresado de su proyección personal. Lisa fue más que
un profesor: su objetivo no fue el de formar artistas, sino seres pensantes.
Utilizó una metodología original, en la cual valoraba el
manejo del dibujo y de la pintura tanto como la filosofía, la poética
y la ética. A su alrededor se había formado un círculo
de entusiastas decididos a compartir sus enseñanzas, a quienes
el maestro alentaba sin retaceos. Organizó exposiciones de sus
alumnos, dictó conferencias, pero él, como artista, se había
autoexcluido.
La gestación de una obra de estas características constituiría
un caso singular en la historia del modernismo. Con la tenacidad feroz
de su estirpe castellana, Lisa prefirió conservar su pureza hasta
las últimas consecuencias. Optó por un recogimiento activo,
centrando sus esfuerzos en la formación de un pequeño cenáculo,
volcándose a su labor educativa sintetizado por el epitafio de
Kant: "Dentro de mi la ley moral, fuera de mí, el cielo estrellado".6
¿Cómo justificar el aislamiento de Lisa y su negativa por
ampliar su campo de acción? Quizá el canibalismo ideológico
que caracterizaba la cultura argentina desde el ’30 hasta el inicio
de la década del ’80 se lo habría impedido, habida
cuenta de su empleo de bibliotecario del correo estatal y los riegos que
comportaría una exteriorización de su posición estética.7
Pero, por más que estas razones tuvieran algún peso, existirían
otras más profundas, ligadas a su posición ética
y a su convencimiento de que aún no había logrado su cometido.
En su intimidad pintaba casi a diario sobre soportes modestos, que conservó
con cuidado. Era éste su modo de orar o meditar. Consciente de
las dificultades y peligros del proyectarse hacia el mundo exterior, Lisa
no abandonaría la esperanza de que su obra pedagógica y
pictórica trascendiera después de su muerte. En esto se
asemejó a Xul Solar. Los trabajos de Lisa forman parte de un proceso
dinámico, como si se tratara de "works in progress",
de una búsqueda permanente, proceso que sólo cobraría
sentido con su última pintura.
Un primer análisis de los trabajos de Lisa nos revela a un artista
que ha construido - en un lugar secreto - una saga que resume las luchas
de artistas abstractos como Otto Freundlich, Nicolás de Staël,
Arthur Dove, Serge Poliakoff, los artistas del grupo COBRA y los cultores
norteamericanos del pattern painting de la década del ’70.
Su obra fue realizada en consonancia - e incluso se adelantaría
- a la marcha del reloj canónico que ha registrado el desarrollo
de la abstracción. Esto lo convierte en uno de los pioneros de
la no-figuración latinoamericana.
Su trayectoria se inició con una visión metafísica
de la realidad, el aprendizaje cubista, la abstracción con sentido
constructivo de la que sólo se conservan algunas pinturas y dibujos
realizados en la década del ’30. A esto le seguió,
entre 1935 y 1940, un intento de articulación bidimensional con
formas geométricas, dinamizadas por un rítmico y expresivo
juego de texturas, realzadas por un colorido que - según Paternosto
- posee connotaciones rioplatenses. Insatisfecho, en una búsqueda
frenética por trasladar al plano una gestualidad que no se conformaba
con la poética de largas pinceladas y bruscas acumulaciones de
materia, Lisa destruía lo ya alcanzado. Así, introdujo líneas,
marcas, rayas, punteadas: son formas-signo ejecutadas entre 1941 y 1943.
Pero ese anticipo del pattern painting no será suficiente para
Lisa. Ansiando trascender la limitación de lo bidimensional, abandona,
hacia 1945, el hedonismo de una factura jugosa y experimentará
con un óleo muy diluido sobre soportes de deshecho. Por estos bruscos
cambios Edward Sullivan lo identifica como "un artista-camaleón.
Justo cuando pensamos que comprendemos su obra, él introduce cambios
o transformaciones desconcertantes".8 Este proceso lo condujo - a
partir de 1953 - a una articulación rítmica con formas abiertas
y cerradas, líneas, manchas y elementos que provienen, en ocasiones,
de formas naturales. Lisa utilizó un colorido más estridente,
una materia rica y empastada por sectores, que le confiere contenido cósmico
a sus trabajos: son sus Juegos con líneas y colores. Finalmente,
en sus pinturas fechadas entre 1960 y 1977, el artista redujo la intensidad
colorística y energética a un juego de tonalidades más
sutiles con la incorporación del blanco, mientras que en el campo
pictórico aparecen leves estallidos de un color que, en las palabras
de Paulo Herkenhoff, "abandonaba su cuerpo".
Intentemos ahora explicar el por qué de la fascinación
provocada por sus pinturas a partir de las exhibiciones iniciadas en 1997,
o sea, a más de tres décadas del ?n del modernismo como
proceso histórico. No resultaría casual que la proyección
alcanzada por la obra de Lisa en tan corto lapso se produzca con el fin
del ideologismo, el elemento más perturbador de la cultura argentina,
en un país que hoy se abre al mundo. Utilizemos la teoría
del espacio imaginario de Dee Reynolds9, que analiza la interacción
que se establece entre dos variables: el medio pictórico y la actividad
imaginativa del receptor. En otras palabras, esta teoría explica
cómo el observador absorbe el contenido transmitido por las pinturas.
La obra de arte, según Lisa, es sinónimo de energía:
se trata de la conjunción de materia y movimiento incorporada a
su trabajo. Es por esto que se sugiere agregar a la teoría de Reynolds
dos variables más: al aura de la pintura (la presencia oculta del
artista)10 y el tiempo, que mide la evolución del proceso. El espacio
imaginario de cuatro dimensiones - articulado por la obra, la imaginación
del contemplador, la presencia de su creador y el tiempo - no representa
una extensión del espacio donde habita el receptor, sino que expresa
un mundo imaginativo y sensorial en el que la fuerza expresiva del medio,
con sus líneas, texturas, formas y colores, prevalece sobre el
sujeto del cuadro.
El medio pictórico es el "objeto" que interactúa
directamente con la imaginación del receptor. La imaginación
responde a un modo de aprehensión sensorial, pero en una forma
que sobrepasa el conocimiento empírico del observador. Una imagen
es sólo "imaginaria" si se niega a sí misma excediendo
su propio poder de representación, sugiriendo más de lo
que pueda explicar o hacer visible. Esto es lo que Klee definía
como el poder del arte de hacer visible lo invisible. Según sus
palabras: "Lo visible es siempre meramente una parte aislada en relación
con la totalidad del mundo". La totalidad es invisible, pero resulta
visible a través del arte, porque "el arte no reproduce lo
visible, lo hace visible".
Veamos cómo se ha llegado a este reconocimiento en la historia
del arte. Fue Baudelaire quien propuso "que un cuadro es una máquina
donde todos los misterios son inteligibles para un ojo ejercitado"11,
para expresar luego que existe en la pintura de Delacroix una manera de
mirar y pensar el cuadro como un juego puro de colores. En las palabras
del poeta:
"En primer lugar se debería señalar, y esto es muy
importante, que visto a una distancia demasiado grande como para analizar
o comprender el sujeto, un cuadro de Delacroix ya ha producido en el alma
una impresión rica, feliz o melancólica. Diríamos
que esa pintura, como los magos y los magnetizadores, proyecta su pensamiento
a la distancia... Parece que ese color, que se me perdone esos subterfugios
del lenguaje para expresar ideas muy complejas, piensa en sí mismo,
independientemente de los objetos que viste."
Este primer reconocimiento del papel del medio como creador de contenidos
independientes del sujeto representado fue retomado por los artistas simbolistas.
Según Odilon Redon, las signi?caciones que despierten esas líneas
(medio pictórico) serán mayores o menores según sea
la sensibilidad del espectador y su aptitud imaginativa. Y fue a partir
del simbolismo que aparece la abstracción como una manera renovada
de expresar contenidos trascendentes, esa "necesidad interna"
a la que se referirá Kandinsky.
Las obras revelan sus contenidos, con sus implicancias históricas,
sociales y estéticas, dentro de ese espacio imaginario, donde rige
un código que sólo a veces se puede decodifcar.
"Es necesario que exista un terreno que sea común al artista
y al profano, un punto de encuentro respecto del cual el artista deje
fatalmente de aparecer como un caso al margen".
Es con estos términos que Paul Klee planteara la necesidad de
disponer de un espacio evocador, donde el poder simbólico de la
pintura se revierta sobre el receptor y lo estimule a compartir sus vibraciones.
Cuando el contemplador logra penetrar en ese espacio las cosas cambian:
la textura y los colores producen una sensación de gozo; el cuadro
exhala un sentimiento de belleza, equilibrio y bienestar. Si se alcanza
esa vibración, los elementos de la composición se integran
en un hecho inefable y su lectura se convierte en un acto revelacional:
adquiere el carácter de una experiencia mística. Entonces
el balance entre lo puramente visual y lo espiritual tenderá hacia
la unidad. Y esta consideración es invariante respecto de cualquiera
que sea la estructura formal del cuadro, es válida tanto para un
Kandinsky como para un Jackson Pollock, para un Mondrian como para un
Torres-García.
La incorporación de la figura del receptor ideal, que sólo
está motivado por la pintura sin atender a los condicionantes históricos
(temporales) de la misma (los orígenes del artista, sus antecedentes,
su fortuna crítica, sus textos, etc.) resulta clave. Esta falta
de conocimiento previo de la obra y sus antecedentes hace que los receptores
ideales se confronten con el medio pictórico sin preconceptos,
con la libertad con que reaccionan los niños, aunque reconozcamos
que el carácter de estos receptores está ligado a las circunstancias
que dieron lugar a la creación de la obra de arte y sus propios
condicionantes culturales. Esas manchas de colores, esas líneas
creadoras de ritmos y de mitos conforman un espacio imaginario ideal,
inédito. En dicho espacio ideal -que responde con un tiempo cero
a partir del cual se inicia el proceso de contemplación de la obra-
están ausentes el orgullo del coleccionista, la vanidad del artista
y su fortuna crítica; sólo está presente esa capacidad
que tiene el objeto descubierto de entrar en resonancia con el sistema
perceptivo del receptor.
"El contenido de la pintura no consiste en significados descifrables,
sino que son producidos por la experiencia del espectador cuando la mira".12
Es durante el acto de mirar que las pinturas despiertan elementos infantiles,
fantasías, experiencias espirituales y la hacen visible. Dentro
de este proceso perceptivo la economicidad de la obra de Lisa atrapa al
contemplador. Así las describe el artista abstracto belga Yves
Zurstrassen:
"Estas imágenes enigmáticas nos interrogan, nos provocan,
nos atraen hacia su universo espacial, el misterio de la vida, de su vida.
La obra de Esteban Lisa es un juego extremadamente sutil, que se eleva
como música, sin perder jamás su intensidad".13
Por su parte Juan Manuel Bonet se refiere a esas pinturas en estos términos:
"Una de las claves de que estos cuadros de formato tan pequeño
posean tal capacidad de irradiación, como si de imanes para la
vista se tratara, radica a mi modo de ver precisamente en esa factura".14
Lisa había encontrado el tamaño exacto para construir su
imaginería de manchas, formas, líneas, superficies lisas
y rugosas. Sería quizá por eso que en el corto tiempo desde
que se muestra su producción, un importante número de coleccionistas,
críticos y gustadores -receptores ideales - se haya acercado a
esas obras totalmente desconocidas. Es dentro de ese espacio imaginario
donde se ha producido esa rara vibración que confirma, por vía
experimental, la eficacia plástica y contemporaneidad del mensaje
estético y ético de este artista.
Esteban Lisa pospuso la concresión de ese imaginario de contemplación
y reflexión. De esta manera renunció a posibles halagos,
premios o medallas. También evitaría ser atacado por la
crítica, como le sucedió a Juan del Prete, a su regreso
de París.15 Pero hay más. La saga de los primeros abstractos:
Kandinsky, Kupka, Mondrian y Malevich nos muestra cómo individuos
aislados se habían propuesto construir un mundo imaginario, de
trascendencia espiritual. Esos artistas se apoyaron en una autocrítica
profunda. Su búsqueda por encontrar una verdad absoluta se podría
reducir a creación, meditación, invención. La primera
mostró la voluntad de llevar a la práctica ideas y conceptos;
la segunda los condujo a la elaboración de un sistema reflexivo
que le otorgaría un marco teórico a esa voluntad; en la
tercera concurren las otras dos. Lisa se autoexcluyó para que el
resultante de esta tríada fuera lo absolutamente puro, ajeno a
toda contingencia.
Gracias a las exposiciones realizadas en Madrid, Buenos Aires, Rosario,
París y Montevideo, ha quedado instaurado un espacio donde sus
pinturas pueden ser contempladas y a través de las cuales el artista
nos interroga. Los receptores están dando su veredicto, la estrategia
de Lisa ha tenido sentido. top...
Endnotes.
1 Esteban Lisa. Toledo (1895)-Buenos Aires (1983), Guillermo de Osma
Galería, Madrid, octubre-diciembre de 1998.
2 La Escuela de Arte Moderno Las Cuatro Dimensiones fue fundada por Lisa
en 1955.
3 Esteban Lisa, Kant, Einstein y Picasso, Buenos Aires, 1956.
4 César Paternosto, Mi encuentro con Esteban Lisa, publicado en
el catálogo Esteban Lisa. Toledo (1895) - Buenos Aires (1983),
Guillermo de Osma Galería, Madrid, 1998, p. 14.
5 Rhod Rothfuss, El marco: un problema de plástica actual, revista
Arturo, Nº 1, Buenos Aires, verano de 1944.
6 Este es el epitafio grabado en la tumba de Kant. Véase Mario
H. Gradowczyk, Entrevista a Isaac Zylberberg, publicada en Esteban Lisa.
Toledo (1895) - Buenos Aires (1983), ibidem, p. 46.
7 Recordemos que Emilio Pettoruti fue dejado cesante de su cargo de Director
del Museo de Bellas Artes de La Plata por el gobierno peronista. La muy
publicitada diatriba "goebbeliana" del ministro Ivanissevich
en contra de la vanguardia no facilitaba las cosas.
8 Edward J. Sullivan, Esteban Lisa: una mirada desde afuera, publicado
en Esteban Lisa, Museo Torres-García, Montevideo, 1998, p. 16.
9 Este concepto fue desarrollado por Dee Reynolds en su análisis
de dos artífices de la primera abstracción, Kandinsky y
Mondrian, y los poetas Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmée.
(Dee Reynolds, Symbolist aesthetics and early abstract art. Sites of imaginary
space, Cambridge University Press, Cambridge, 1995.)
10 Walter Benjamin, en su célebre texto La obra de arte en la
época de su reproductibilidad técnica, de?nía a la
palabra ‘aura’ "como la manifestación irrepetible
de una lejanía (por cercana que pueda estar)". (Discursos
interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires, 1989, p. 26.) En el contexto de
este análisis, cabría asignarle también a la palabra
"aura" su connotación energética: el halo que
circunda al objeto.
11 Charles Baudelaire, Curiosités esthétiques, Éditions
de l’oeil, Lausanne, 1956, p. 127.
12 Dee Reynolds, ibídem, p. 117.
13 Yves Zurstrassen, publicado en Esteban Lisa. Toledo (1895) - Buenos
Aires (1983), ibidem p. 6.
14 Juan Manuel Bonet, A quest for Lisa, publicado en Esteban Lisa. Toledo
(1895) - Buenos Aires (1983), ibidem, p. 11.
15 José León Pagano, destacado crítico y académico
argentino, escribía el siguiente comentario sobre del Prete: "Si
hemos de considerar su obras francesas como expresiones de sincera autenticidad,
el viaje aludido [a París] sólo le sirvió para alejarlo
de la pintura". (El Arte de los Argentinos, tomo III, edición
del autor, Buenos Aires, 1940).
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